martes, 19 de noviembre de 2013

La lástima en las redes sociales.

En un artículo que escribí hace dos meses para otro medio fui claro: la red es solo un medio que expresa aquello que está y se ha formado en una persona. No creo en esas personalidades disociadas en las redes sociales, que bajo el “Soy un personaje creado, esto no soy yo” hacen creer que tienen algún trastorno disociativo de personalidad o algo por el estilo. No creo que tengan la capacidad de asumir una personalidad diferente sin proyectar lo que ya son o quieran ser.

Lo anterior es para dejar en claro que las redes sociales muestran lo que es una persona, ya sea lo que es o lo que quiere ser; en lo segundo hay proyecciones, fantasías, negaciones y todo aquello que no está fuera del sujeto. No hay que sentar a nadie en un diván para saberlo. La red es un espacio que brinda libertades y muchos sienten que no serán regañados por papá y mamá al mostrarse de esa forma: es su escape y curiosamente su vida real, aquella que no muestran por mostrar un personaje en la realidad y “fuera” de ella mostrar lo que son.

Sin embargo, últimamente he estado observando con detenimiento una conducta que está siendo cada vez más evidente: despertar en sus conocidos y desconocidos sentimientos de lástima por situaciones personales. Uno se puede preguntar ¿Qué busca con eso? ¿Realmente creen que la van a ayudar personas que están a miles de kilómetros de distancia? Son muchos interrogantes y pocas respuestas, ahí sí toca sentarlos en el diván. Pero es curioso las respuestas que eso genera entre quienes se enteran de dichas calamidades, siempre muestran buenas intenciones pero algo falta “Quisiera ayudarte, pero no puedo” “Te mando fuerza, sigue luchando” todo eso desde la comodidad de un teclado ¿Eso es lo que espera quien grita pidiendo hasta clemencia por su vida?

Existe una enorme diferencia entre despertar solidaridad y despertar lástima. En lo primero la persona se autogestiona y utiliza esos medios que se le brindaron para solucionar sus problemas; en lo segundo no existe una autogestión y, parece, que existiera un gusto al momento de recibir tantos mensajes pero ninguna ayuda tangible para solucionar su problema.

Cada quien reconoce si es lástima o solidaridad lo que le es despertado, es algo personal que cada persona sabe si lo que siente es una cosa o la otra. Pero cuando existe un consenso, se reconoce a esa persona que grita desesperadamente en una red social, que bien puede estarse riendo a los diez minutos en otro ambiente al ver que no era tan “importante” por cuanto en la red todo es urgente y luego deja de serlo.

¿Y los otros? Pues estarán ahí para hacer gala de sus buenas intenciones, dándole consejos o sugerencias a aquella persona que poco o nada hace por su vida, cuyas excusas están siempre por encima de la solución y que siempre habrá algo más grande que se usará como excusa a manera de sentirse siempre víctima, siempre lastimera, siempre mendigando buenas intenciones y nunca pensando soluciones.


La segunda parte estará dedicada a la filantropía en las redes sociales, es imposible ver una sola cara de la moneda. 

1 comentario:

Agnes Bergman dijo...

Esta situación ya raya en un intento desesperado por llamar la atención. Las personas con esta actitud no creo que tengan una mente sana.